Entre el cielo y el suelo

‘Primero la mala, primero la mala’, se dice en los chistes cuando hay dos cosas que contar, una buena y una mala. Aunque esto, lejos de ser un chiste, es una cosa demasiado seria como para tomarla a broma. Pero mala, sí que es. Todos nos hemos quedado con cara de derrota en el tema de la minería. La actividad ha vuelto al sector, los encerrados ya no lo están, pero el panorama no voy a decir que sigue igual que antes del comienzo de las huelgas y movilizaciones en la minería, porque la realidad es que está peor que antes.
El ministro de Industria se ha salido con la suya, al menos de momento. Y si algo hay que reconocerle es la tenacidad en el inmovilismo de una postura que es la de no ceder un ápice, que ha mantenido de principio a fin. Aquí se ha pinchado en hueso, porque ante movilizaciones parecidas todos los gobiernos anteriores mostraron un lado de su corazoncito y finalmente hubo acuerdos. Cada vez con menos trabajadores y menos actividad, es cierto, pero por lo menos para ir salvando los muebles hasta el 2018 en el que quién sabe qué es lo que va a ocurrir.
Pero esta vez ha sido diferente y esta primera parte del conflicto ha finalizado porque los trabajadores no pueden estar eternamente sin cobrar manteniendo una firmeza que aunque esté repleta de razones se va a dar contra un muro cada día que pasa. En el Gobierno nacional la máxima es no salirse ni una línea de lo establecido y Soria lo ha cumplido a rajatabla para desgracia nuestra. Los excesos de todo tipo de antaño se pagan ahora, con intereses y redoblados, y lejos de poder pedir compensaciones por los daños causados ahora nos toca a todos pagar los platos rotos de una presunta fiesta en la que no hemos participado. Pero hay gente que sigue durmiendo a pierna suelta todos los días sin que se sienta responsable de nada. Increíble.
Lo cierto es que el conflicto minero sigue vigente porque será a partir de ahora cuando las empresas descubran sus cartas ante la rebaja de las ayudas públicas, y como ya suponemos quiénes van a ser los paganos de la situación, nos instalaremos en la guerra fría hasta que el conflicto se recrudezca o cese definitivamente, no queda otro remedio. Veremos en las próximas semanas qué es lo que ocurre.
Afortunadamente hoy traigo aquí también la cara amable de la actualidad. Se llama Lidia Valentín y llevó al Bierzo a los Juegos olímpicos. Faltó poco para la medalla, pero la berciana se viene de Londres con un 4º puesto y diploma olímpico, que es una gesta increíble para cualquiera que se haya criado en una tierra en la que las oportunidades para triunfar al más alto nivel en el deporte no es que caigan del cielo precisamente.
Valentín aprovechó esta cultura de la halterofilia que sí ha calado en Camponaraya para llegar a lo más alto de este país en este deporte y aprovechar en la cita olímpica para marcar un nuevo récord de España. Su esfuerzo, tenacidad, ilusión y ganas la han llevado hasta lo más alto de una forma alejada de los aspavientos que se producen otras ocasiones con muchos menos méritos y resultados.
Los españoles, eso sí, tuvimos que verla a través de internet porque en la tele estaban enfrascados en el tenis a pesar de que no jugaba ningún español, lo que quiere decir que también en esto tenemos que seguir peleando incluso desde casa. Y eso que los Juegos olímpicos es el único momento en el que se puede ver hasta un partido de tenis de mesa sin que haya ‘intermedios’.
Lo que ha conseguido Lidia es más que meritorio, porque ni este deporte es de masas, ni los patrocinadores se pelean por poner sus euros ahí a relucir, ni hay una legión de fans animando. Ella lucha contra sus propios techos y día a día consigue mejorarse.
Y si hoy tenemos una buena noticia en este deporte, mañana seguro que tendremos más. La pasada semana en Bierzo 7 entrevistábamos a otra haltera berciana, Emma López, una joven cacabelense de sólo 16 años que ya es campeona de España en su categoría y que acaba de conseguir una beca para seguir sus estudios y sus progresos en halterofilia en Madrid.
Al menos en el deporte parece que hay relevo y que las cosas se están haciendo razonablemente bien para que los deportistas bercianos tengan un futuro mejor que el pasado. Queda por saber si en el resto de campos las cosas van a ser igual o nos vamos a conformar con regresar a hace cincuenta años mientras nos encogemos de hombros y decimos eso tan manido de: ‘Es lo que hay’.

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