“Decimos que con motivo de estar esta población muy inmediata al río Cúa, que aún al presente pegan sus aguas con las mismas casas e iglesia parroquial de él, y con el de las muchas avenidas y crecidas de aguas que han acaecido repetidas veces y de inmemorial tiempo a esta parte, siempre han sido generales y excesivos los daños que ha padecido y está padeciendo esta corta población”…
Así se expresaron el día 2 de abril de 1784, los vecinos del pueblo de Arborbuena
, en un poder que otorgaron a Juan Gómez de Villabedón, procurador de la real Chancillería de Valladolid para que los defendiera contra ciertas pretensiones del capitán de milicias de reino de León, Don Antonio de Moya.
En el mes de marzo de 1783, una crecida del río Cúa, que el escribano certificó que fue una de las más furiosas, destrozó el camino Real “que viene de norte a poniente transeúnte para Asturias, reino de Galicia, Ancares y otras partes”. El concejo y vecinos, después de haber consultado con personas de autoridad, trazaron el nuevo camino por una viña del capitán Moya. En el acta se lee esto: “nos fue preciso, a nos los otorgantes, por hallarnos destituidos de otro remedio alguno, de echar el camino expresado, por la viña de el susodicho, sin ocuparle más terreno que aquel que es regular y necesario”.




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