IES Gil y Carrasco de Ponferrada

Si don Enrique levantara la cabeza y viera que el Conde de Lemos había resucitado en forma de embadurnador de fachadas, cambiaría la espada templaria de don Álvaro por una brocha para limpiar la fachada del primer instituto de Ponferrada, el Gil y Carrasco.
Es una vergüenza para la ciudad la imagen marginal de la plaza del Ayuntamiento, plaza porticada, por la que pasan todos los turistas que nos visitan, en cuyos soportales no queda ni un solo metro cuadrado sin embadurnar por los asquerosos sprays que destrozan, todas, las fachadas ponferradinas, no he visto ciudad más
embadurnada y sucia que la nuestra. Si es cierto que la cara es el espejo del alma, el alma de Ponferrada debe de ser la más negra de España.
Además de para la ciudad, es una vergüenza para la enseñanza pública que la mayoría de los centros presenten una imagen tan deplorable, cabe decir, en honor a la verdad, que en algunos, el claustro borra con gran tesón las estúpidas manchas de las fachadas, lo he visto en: el Colegio Navaliegos y en el Instituto Europa por citar algunos
honrosos ejemplos, estos docentes defienden la escuela pública cuidando de su cara, es seguro que también cuidan de su alma, de su calidad. Además, tengo la impresión de que pagan de su bolsillo la pintura y las brochas necesarias para borrar la sinrazón de un puñado de imbéciles. Tampoco me cabe la mínima duda de que los enseñantes del Gil y Carrasco ponen gran empeño en la limpieza de sus fachadas, de la cara y del alma, pero las hordas sucias superan su capacidad reparadora.
Como todos mis conciudadanos saben, esto que están leyendo no es una novela, es la pura realidad, que se desarrolla en la misma puerta del Ayuntamiento, con gran escarnio, burlando la vigilancia de la Policía municipal que, a pesar de tener identificados a la mayoría de los vándalos, no es capaz de evitar que le pinten hasta la fachada del cuartel y como se descuiden, hasta el parque móvil.
Si los autores de las agresiones al patrimonio público y privado están identificados, la Policía ha cursado las correspondientes denuncias y se han impuesto las correspondientes sanciones. Nadie entiende por qué cada día aparecen nuevas y más grandes agresiones al patrimonio: el puente medieval sobre el río Boeza, las paredes del
Castillo Templario, la recién estrenada pasarela del barrio de la Estación… nada escapa a la dictadura del spray.
Se me ocurre pensar que las sanciones no “molestan” lo suficiente a los sancionados y que además puede darse el caso de que “mola” hacer muecas en la culata y que incluso exista una competición “a ver quien marca más terreno”.
Hace unos meses, puse en el juzgado de guardia una denuncia con el siguiente texto:
Don, Ponferradino Indignado, mayor de edad, con DNI. 000024400, vecino de Ponferrada c/ Sucia.
EXPONE:
Que es conocedor, o testigo, etc, de los hechos producidos en el Edificio Publico de esta localidad, consistentes en: destrucción, daños, quemaduras, pinturas etc. Los cuales se pueden apreciar a la vista en el lugar citado.
Que de conformidad con los artículos 259,264,265 siguientes y concordantes de la Ley de Enjuiciamiento Criminal pongo en conocimiento de la Administración Publica estos hechos para que en consecuencia se proceda a la investigación, identificación y procesamiento del autor o autores responsables de estos hechos de conformidad con lo dispuesto en las leyes procesales y en el artículo 263.2.4 y 626 del Código Penal. Es cuanto expone a VD. para que se dé curso a la presente denuncia con inicio de las actuaciones que procedan.
Les invito a que comprueben los artículos citados y me acompañen al juzgado para que cada uno de nosotros ponga una denuncia por la mancha que tenga más a mano. No corran, seguro que hay manchas para todos.
Voy a tomarme la libertad de hacer un ruego en nombre de todos los ciudadanos de “Ponfesucia” al juez o jueces a los que toque juzgar este tipo de asuntos: Ruego a sus señorías que las sanciones a los que destrozan el patrimonio público y privado sean lo más contundentes y ejemplarizantes que permitan nuestras leyes. Sugiero:
visto que reparar los daños parece divertir a los sancionados, además, el arresto domiciliario durante fines de semana o durante todo el tiempo en el que no se esté trabajando o estudiando. Ruego también la reflexión de sus señorías sobre las cantidades de dinero público que es necesario destinar a reparar el vandalismo y los beneficios que la misma cantidad de dinero podría aportar a la sociedad.

Juan Pedro Martínez Bastida

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